@Rfilighera

Mayo 2020

El día había amanecido nublado. Le costó desperezarse, venía evidenciando, desde algunos días, un malestar estomacal que se había acentuado en las últimas horas. Le pidió a su asistente que le llevara el desayuno a la cama. A esto se sumaba una jaqueca producto, probablemente, de una noche  en la que no había podido descansar bien. Dejó la cama y caminó por el amplio pasillo del primer piso y se dirigió a la planta baja. Ya en el comedor, el amplio ventanal pintaba la postal de un día en el que se reflejaban las primeras gotas de lluvia. Los noticieros continuaban con el registro de los nuevos contagios de esa fase de la cuarentena. En tanto, Rita, la perra que había regresado a la mansión de Barrio Parque, luego de haber sido reeducada con personal especializado, minutos antes, había recorrido el jardín, con objetivos totalmente higiénicos. Ahora estaba nuevamente dentro de la mansión; su personalidad es hiperactiva y manifiesta, en este sentido, vocación para realizar ciertos destrozos, con epicentro fundamental en la propia habitación de Susana. En tanto, ella regresa a su cuarto, desayuna y permanece en la cama. Extrañamente, la persigue una sensación de angustia.

Tres noches después

La cuarentena se estaba presentando para la diva como la extensión de una inacabable incertidumbre. El viaje a Uruguay ya estaba concertado, desde todos los niveles, efectos legales mediante. Aquella jornada no iba a presentar, en tanto, cambio alguno en su universo cotidiano. Sin embargo, la tensión no decrecía. La cena había sido frugal. Y luego de la cena, una película de Netflix iba a acompañar la inducción de un sueño interrumpido posteriormente por un incidente impensado.

Dos horas más tarde

Varios ladridos y el golpe seco, de un objeto tirado al piso, la despiertan sobresaltada. A Rita también le sucede lo mismo; sus orejas en punta ponen en evidencia el alerta de una situación de inquietud. Se levanta y se dirige hacia el pasillo: el silencio, ahora, extrañamente, se apodera de la situación. Camina unos pasos y se aproxima a un cuarto, una habitación en particular, un espacio elegido puntualmente y que se determinó sin vacilación. Precisamente, esa habitación estaba destinada, muchos años atrás, a quien fuera a uno de sus más adorables integrantes de la familia: el recordado Jazmín. Ingresa a paso moderado pero firme y prende la luz. Todo parece, en principio, no presentar signo de alarma alguna; no obstante, todo no es lo que parece ser. El frío se hace sentir. Imprevistamente, repara en un particular detalle: la colcha había sido movida hasta los pies de la cama. A todo esto, Rita, extrañamente a su comportamiento hiperquinético, se encontraba como petrificada. Acomoda, nuevamente, la cama. Todo queda en su respectivo lugar.

Susana y su perro Jazmín, una gran historia de amor.
Susana y su perro Jazmín, una gran historia de amor.

La mañana siguiente

El ritual de siempre. Desperezarse y permanecer un tiempo más en la cama. La lectura de un libro, abandonado hace una semana, se retoma nuevamente. El desayuno lo va a tomar en el comedor. El clima es húmedo y se hace notar en los huesos de cualquier mortal. Se viste, una ropa liviana y cómoda para esa mañana. Toma una carpeta, con anotaciones referidas a trámites y gestiones. Sale del cuarto y se dirige a la planta baja. Algo, sin embargo, la retrotrae; vuelve a subir y encara el corredor; sus pasos son seguros pero pausados, ha pasado por tres cuartos, inclusive el suyo y se encamina al cuarto en cuestión, a la habitación que visitó la noche anterior. Llega y duda, se demora unos segundos... y abre, sigilosamente, la puerta... Aquella postal daba cuenta de una cama con otro detalle imprevisto: la colcha, nuevamente movida.

La noche anterior al viaje

Todo lo concerniente a la preparación de las valijas y la documentación genera, siempre, en la previa, un particular estrés. Para ella, todo eso no quedó exento. A la noche, una película por ver para servir, nuevamente, como antesala de un sueño que, en esta oportunidad, supuestamente no se va a demorar. Sin embargo, pasada la medianoche, algo empieza a manifestarse y va cobrando, minuto tras minuto, mayor magnitud. La intensidad es cada vez mayor. se levanta y sale de su cuarto; sus pasos son acompañados por aquellos ladridos que se proyectan y hacen eco en toda la inmensidad de la mansión. Llega al cuarto y apenas se anima a tomar el picaporte... el tiempo parece detenerse. Se anima y abre, cuidadosamente, la puerta... La colcha se encontraba, otra vez, doblada, las persianas elevadas... el cuarto había sido inundado por una luz de crepúsculo que la había sumido en una enorme inquietud... A corta distancia, simplemente, aquella imagen, esa presencia tan cercana, durante muchos años, a sus mejores afectos y sentimientos.

Contactos del más allá: documentos y testimonios

Valeria Schapira cuenta en su producción literaria con el libro “Adiós, como enfrentar la partida de nuestros mejores amigos”, un estudio riguroso y sensible acerca de cómo los seres humanos deben despedir y acompañar a los animales. Precisamente, uno de los capítulos de esta obra cuenta con una serie de episodios ocurridos en Argentina y que tuvieron que ver, puntualmente, con gente que ha tenido contacto con sus animales una vez ya muertos.

  • Noris Pisani: “Viví con Tomy once años, hace cuatro lo perdí. Vivíamos juntos en el exterior y juntos volvimos a la Argentina. Fue familia para nosotros. Hablar de él es llorarlo cada vez. Durante mucho tiempo mi deseo fue soñarlo pero no conseguía hacerlo... ¡Hasta que un día lo logré! Aunque todavía dudo si fue un sueño o en verdad vino a visitarme... Su olor a recién bañado era inconfundible, y fue eso lo que esa noche sentí. Hoy, cada vez que un colibrí llega a mi jardín sé que es el. Estas confesiones, son sólo para entendidos”.
  • Aldana Farías: “Danca se fue hace tres años. Tenía 14. La gorda batata más hermosa de este planeta. Hace cuatro meses llegó Apolo, un caniche que me alegró la vida y lo primero que hizo cuando conoció el patio de mi casa fue acostarse por cinco minutos en el mismo lugar donde enterramos a la negra. Magia pura”.
  • Mabel Carbonara: “Siempre me aparecen en sueños los animales que amé. Pampa, una mestiza siberiana rescatada, a la que amé inmensamente a pesar de ser sólo su madrina, a la que le sostu ve la pata durante su quimio, a la que buscamos con su rescatista cuando se perdió en circunstancias terribles, me dejó un agujero en el corazón cuando falleció. Durante los meses que siguieron a su muerte, si me cruzaba un siberiano en la calle, tenía que cambiar de vereda porque me saltaban las lágrimas, era un duelo que no podía superar. Un día, parada en Santa Fe y Billinghurst, siento algo raro, me doy vuelta y veo una cachorra de siberiana preciosa que viene hacia mí, me salta, me abraza y me empieza a besar. Entonces, la dueña me dice: ‘Es rarísimo, nunca hace esto con nadie’, yo me largué a llorar y entendí que tal vez esta era la forma que encontró Pampita de transmitirme que ella siempre iba a estar en mi corazón, como de hecho está cada uno de los animales que amamos, desde el plano que sea”.
  • Mayela Bustamante: "A finales de 2015 me tocó atravesar un estado anímico que me sumió en una profunda tristeza. Una noche, sin ánimo de resolver ninguna de mis cuestiones personales, me tiré a la cama a llorar y me quedé profundamente dormida. Mi Lennon vino hacia mí en mis sueños... se me hizo un nudo en la garganta de sólo recordarlo. Yo estaba sentada en la tierra y hacía frio, de pronto él llegó hasta mí, no sé de dónde. Estaba hermoso, como en sus mejores tiempos, apoyó su hocico en mi regazo y se quedó dormido. Me dio paz, mucha paz. Lennon murió envenenado y lo lloré como por un mes, hasta que pude superar el hecho de que no estu viera físicamente conmigo. Esto pasó ya hace varios años y recuerdo bien la primera vez que se me apareció en sueños, al poco tiempo de su muerte. Salió de entre unos arbustos verdes, muy verdes y brillantes. Parecía como si a las hojas las hubiesen lavado o algo así. Y yo estaba sentado en un banco; quizás era como un parque, y él vino a mí, se sentó en el suelo y yo le acaricié el lomo. Estaba bello, tan hermoso y divertido que cuando desperté, aún con su imagen, supe que estaría todo bien, donde quiera que esté. Será mi hi jo, mi amigo y mi compañero hasta el final de mis días, amo a los perros, en la familia tenemos uno que amamos, pero mi perrito bueno es irremplazable, me acompañará siempre”.

Particularidades de un Yorkshire

Por el doctor Juan Romero 

El Yorkshire terrier no es un perro de compañía, puntualmente, es un terrier pequeño y como buen terrier es un perro cazador, aguerrido, valiente, ladrador, longevo y rústico. Uno piensa que se trata de un perro de vedettes porque lo asocia a divas como Susana Giménez, pero en realidad se trata de un perro de los mineros de carbón y de los hilanderos de Inglaterra. Es decir, salvaba la vida de los hilanderos, combatiendo a las ratas y similar situación se daba en las minas de carbón”, destacó el doctor Romero en la enunciación de las primeras características de esta particular raza.

Y agregó: “Imaginémonos, en las minas de carbón, a finales del siglo diecinueve, donde no había calzados impermeables y donde muchas veces había que transitar un suelo con 10 centímetros de agua llena de roedores donde orinaban y, como consecuencia de esto, se producía la transmisión de una enfermedad que se llama leptospirosis. Entonces, este animal (Yorkshire) extremadamente astuto, obediente, corajudo y proactivo, es un individuo que va al frente, en consecuencia, cazaba las ratas y salvaba la vida de los mineros e hilanderos. Es decir, durante toda la semana, estos animales se encontraban dentro de las minas. Por otra parte, la genética de su pelo es brillante y tiene una coloratura muy significativa en su raíz y, los obreros, en sus días de descanso, hacían competencia de dinero por la belleza del animal. A partir de la época moderna, cambia su perfil de búsqueda. Yo he tenido, anteriormente, uno que vivió durante 15 años y tengo, ahora, a mi segundo. En consecuencia, siguen conservando su naturaleza de valientes y de tomar la iniciativa. Ahora, con otras características, se ha convertido en un animal de compañía, aunque conceptualmente es un perrazo”.

En relación a la posibilidad de la presencia, energética, de un perro fallecido en la casa que ha habitado, el doctor Juan Romero contestó: “Cuando uno tiene un afecto especial hacia un animal, este permanece en uno a través del recuerdo y los sentimientos y más allá de cualquier consideración esotérica que yo no comparto, reparemos que nosotros somos la conversión de la energía hecha masa; esta es puntalmente la teoría de la relatividad de Einstein; en definitiva, todos mis gatos, todos mis perros son lo que me hicieron hombre, todos mis afectos, todos mis amigos, además de mi padres y madre que genéticamente me construyeron, ambientalmente, también nos construyeron aquellas situaciones enunciadas. Un perro, en definitiva, que convivió 15 años con una persona también nos construyó y nos dio identidad".

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